Hablar de arquitectura en México es hablar de Andrea Cesarman. Con una trayectoria que supera tres décadas, la cofundadora de C Cúbica Arquitectos ha dejado una huella profunda no solo en el diseño de espacios, sino también en la forma de entender el impacto social y cultural del entorno construido.
Desde muy joven, Cesarman encontró en la arquitectura una carrera íntegra, profundamente conectada con el arte, la historia, la física, el urbanismo y, sobre todo, con la sociología. “La arquitectura es crear el hábitat humano”, menciona, convencida de que construir no es solo edificar, sino comprender el contexto, a las personas y sus necesidades.
Su historia profesional inició incluso antes de egresar de la universidad, cuando se unió a sus actuales socios Emilio y Marco. Lo que comenzó como una colaboración casual entre amigos, se transformó en una sociedad sólida que hoy celebra 35 años de trabajo conjunto. “Empezamos haciendo el cuarto de un bebé y ahora desarrollamos proyectos urbanos”, recuerda con orgullo.
Uno de los mayores desafíos en su carrera ha sido mantener viva la capacidad de asombro. La evolución tecnológica, la transformación de la profesión y los cambios sociales han sido constantes, pero la esencia permanece: diseñar espacios con sentido. “El reto es no perder la curiosidad, entender el entorno y asumir la responsabilidad que implica transformar el espacio que habitamos”, afirma.
Un punto clave en su trayectoria fue la creación de México Territorio Creativo, un proyecto que articula distintas iniciativas como Design Week México, Visión y Tradición, Inédito, Design House y otras plataformas que impulsan el diseño, el arte y el urbanismo con una mirada contemporánea y social. Este paraguas de acciones nace del compromiso de devolverle a México todo lo que le ha dado como arquitectos y ciudadanos.
Cesarman también ha sido una voz activa en la lucha por la equidad de género en la arquitectura. “Cuando estudié éramos cuatro mujeres y dieciséis hombres. Hoy la carrera tiene más mujeres que hombres”, cuenta, aunque reconoce que aún hay mucho camino por recorrer. Desde hace algunos años participa en Construyendo Equidad, un proyecto junto a otras arquitectas, diseñadoras y urbanistas que busca transformar la ciudad desde una visión con enfoque de género.
Para ella, diseñar espacios con alma implica escuchar, observar, entender y empatizar. Es evitar caer en la trampa del ego y centrarse en resolver necesidades reales, desde una lectura sensible del lugar. Compuestos por elementos esenciales: la luz, los colores, los materiales y la disposición consciente de cada cosa.
Finalmente, la arquitecta nos confesó que aún no ha encontrado el proyecto que la desafíe por completo —y quizá ahí radica parte de su filosofía: nunca dejar de buscar, de aprender, de evolucionar. Mientras tanto, continúa diseñando con convicción, aportando a la cultura, a la ciudad y a quienes habitan sus espacios.